Navegando por la red me estrello contra una multitud de consejos - quizá o seguramente inútiles - destinados a quienes tienen miedo a volar.
Entre los turbados ante la idea de montar en avión, algunos valientes incluso llegarán a despegar con pánico a pesar de las estadísticas (que lo afirman como el medio más seguro para viajar con la mínima posibilidad de no alcanzar su destino).
Será ese día entonces para recordar - como consejo fundamental encaminado a esquivar el canguelo - a Orville y Wilbur, los hermanos Wright. Sí, creo ciertamente que es la opción más efectiva para controlar los temblores y la agitación cardíaca durante el trayecto.
De nada nos servirá - por ejemplo - centrarnos en evitar pensar que nos queda un trecho POR EL AIRE, hasta que disfrutemos de los rincones especiales y terrestres que nos esperan en el lugar elegido para nuestras actividades de asueto, tan esperadas, a ras de suelo...
Desearía poder volar el cielo, alto, como una libélula
Volaría sobre lo árboles, a través de los mares, en todas direcciones, donde me
diese la gana…
Quiero escapar, quiero volar sí.
Vayámonos y veamos las estrellas, la Vía Láctea, incluso Marte podría ser
nuestro
Derritámonos ante el sol, dejemos que nuestro espíritu vuele donde seamos