Quiero que tu cálido cuerpo desaparezca educadamente y me deje solo en la bañera porque quiero considerar mi destino. ¡Destino! ¿Por qué me encuentras en esta bañera ocioso, solo, sin lavar, sin siquiera la intención de lavarme excepto en el último momento? ¿Por qué no me encuentras en lo alto de un poste de teléfonos, reparando las líneas que van de ciudad a ciudad? ¿Por qué no me encuentras cabalgando a través de Cuba, un hombre gigantesco con un machete rojo? ¿Por qué no me encuentras explicando máquinas a pupilos poco privilegiados, españoles negroides, contentos de que no sea un cursillo sobre escritura creativa? Vuelve aquí pequeño y cálido cuerpo, es la hora de otro día. El destino ha huído y yo te elijo a ti que me encontraste mirándote fijamente en un almacén una tarde hace cuatro años y has dormido conmigo desde entonces. ¿Qué te parecen mis ojos de pescador después de todo este tiempo? ¿Soy lo que esperabas? ¿Acaso estamos demasiado tiempo juntos? ¿Acaso se avergonzó el destino ante la doble toalla turca, nuestro conocimiento de nuestras pieles, nuestro amor que es proverbial en todo el bloque, nuestro acuerdo de que en cuestiones espirituales yo debo ser el Hombre del Destino y tú la Mujer de la Casa?
Navegando por la red me estrello contra una multitud de consejos - quizá o seguramente inútiles - destinados a quienes tienen miedo a volar.
Entre los turbados ante la idea de montar en avión, algunos valientes incluso llegarán a despegar con pánico a pesar de las estadísticas (que lo afirman como el medio más seguro para viajar con la mínima posibilidad de no alcanzar su destino).
Será ese día entonces para recordar - como consejo fundamental encaminado a esquivar el canguelo - a Orville y Wilbur, los hermanos Wright. Sí, creo ciertamente que es la opción más efectiva para controlar los temblores y la agitación cardíaca durante el trayecto.
De nada nos servirá - por ejemplo - centrarnos en evitar pensar que nos queda un trecho POR EL AIRE, hasta que disfrutemos de los rincones especiales y terrestres que nos esperan en el lugar elegido para nuestras actividades de asueto, tan esperadas, a ras de suelo...
Desearía poder volar el cielo, alto, como una libélula
Volaría sobre lo árboles, a través de los mares, en todas direcciones, donde me
diese la gana…
Quiero escapar, quiero volar sí.
Vayámonos y veamos las estrellas, la Vía Láctea, incluso Marte podría ser
nuestro
Derritámonos ante el sol, dejemos que nuestro espíritu vuele donde seamos